En defensa de la filosofía

En el Día Mundial de la Filosofía, cuando el gobierno de turno planea cargarse OTRA VEZ la asignatura en las escuelas, escribo este texto para defender lo obvio: hay que estudiar filosofía precisamente porque no sirve para nada. A ver, es un decir.

Todo estudiante de filosofía ha tenido que soportar alguna vez esta pregunta: Y eso, ¿para qué sirve? Un cierto defecto profesional nos lleva a contestar con modos más o menos grandilocuentes; formas que, al tiempo que el aprendiz va convirtiéndose en un profesional, suele ir alimentando con alevosía hasta acabar dando argumentos cada vez más rimbombantes.

Sin embargo, no conviene ponernos estupendos. Al igual que el pitufo filósofo, los que nos dedicamos a la filosofía no servimos para nada concreto: no curamos enfermedades, no fabricamos instrumentos útiles para la vida y a menudo no solo no apagamos fuegos, sino que encima los provocamos.

Pero, ¿no te hace la filosofía mejor ciudadano?, ¿no tiene la filosofía en su ADN una capacidad crítica que sirve para  luchar contra los totalitarismos y crear ciudadanos despiertos? Lo siento, mister wonderful, pero no. La filosofía tampoco te hace necesariamente mejor ciudadano. El nuestro es un saber con más de 2500 años a sus espaldas, que nació cuando ni siquiera existía la democracia tal y como la entendemos hoy. Y aunque la que escribe estas líneas sea una firme demócrata, tampoco cree que la filosofía sirva en sí misma para la democracia. Es más, me pregunto qué cara habrían puesto filósofos tan insignes como Platón, Aristóteles, Hildegarda de Bingen o incluso la propia Arendt si les decimos que la capacidad crítica de la filosofía está bien porque defiende el sistema político imperante. Si la filosofía hay que estudiarla porque te hace mejor ciudadano, quisiera saber también qué diantres hacemos entonces con todas esas ramas de la filosofía que no hablan de política, que son básicamente todas excepto la propia filosofía política: qué hacemos con la filosofía de la ciencia, con la de la religión, con la lógica, con la antropología, con la estética y ni qué decir con la estrella de rock: la metafísica. A ver con qué cara pedimos financiación para crear un grupo de investigación sobre metafísica si resulta que nuestro argumento para defender la filosofía es que sirve para algo. 

Pero no guarden sus pañuelos, que los disgustos no han acabado. La filosofía tampoco te hace necesariamente mejor ciudadano; todos conocemos a filósofos que han apoyado de manera frontal sistemas políticos que hoy nos hacen sonrojar, y conviene recordar de vez en cuando que prácticamente la totalidad del machirulado filosófico ha defendido por unanimidad que la mitad de la población mundial, las mujeres, somos poco más que una panda de imbéciles a las que bien les valdría dedicarse a parir en vez de a pensar. 

Y es que no podemos tener respuestas adecuadas cuando no nos hacemos preguntas adecuadas. La pregunta no es para qué sirve la filosofía, sino por qué hay que estudiarla. ¿Por qué estudiar filosofía? Primero, porque los alumnos tienen derecho a conocerla. La base de la educación es el derecho al conocimiento en cuanto tal, con independencia de la utilidad práctica que tenga. No, la escuela no está para enseñar a hacer la declaración de la renta, para aprender a aprender, para dar soflamas emocionales, ni para enseñar una profesión. Está porque los alumnos tienen derecho al conocimiento con independencia de su origen, clase social, sexo o cualesqueira características. La educación es uno de los poderosos Derechos Humanos que existen desde anteayer y que nos ha costado sangre, sudor y lágrimas conseguir. Y si hay que cuidarlos es porque, como vemos cada vez que hay un cambio de gobierno, su existencia forma parte de un equilibrio inestable que puede derrumbarse en cualquier momento.

Dejar a los chavales sin filosofía supone privarles del estudio de una de las disciplinas de humanidades, que son los saberes más antiguos de la humanidad, mucho más estables que las ciencias y, sin embargo, permanentemente puestas en cuestión. Los alumnos tienen derecho a estudiar filosofía al igual que tienen derecho a saber sintaxis, arte o lenguas minoritarias. Los que las estudiamos sabemos que sirven para algo, pero no las defendemos por eso. De la misma manera que las ciencias sirven para algo, pero el tono en el que se estudian en las escuelas es fundamentalmente teórico. Y qué bien que así sea.

Por último, defendemos la filosofía porque en sus respuestas a las grandes preguntas de la humanidad se muestra la complejidad del mundo. No la defendemos cuando las respuestas nos convienen o coinciden con nuestros valores, defendemos el derecho a reflexionar en cuanto tal. Este es, por cierto, el mejor argumento que podemos dar cuando se nos acuse de adoctrinar a los alumnos. Debido a una desastrosa organización del currículum que hace tener que elegir a los alumnos (o, más bien, a sus padres) entre religión o ética, se tiende a pensar que la filosofía es la opción laica de la religión. Los profesores de filosofía serían algo así como curas sin sotana (o monjas sin hábito). Y no. Aunque es cierto que la filosofía y la religión tienen cosas en común y que gran parte del pensamiento occidental no puede entenderse sin el cristianismo, son disciplinas separadas precisamente porque le dan un trato distinto a los contenidos. 

Mientras que las religiones prescriben valores (amarás a Dios sobre todas las cosas, no cometerás adulterio, o no robarás), la ética es una disciplina filosófica que reflexiona sobre la idea de Bien. Digámoslo de nuevo, todas las veces que haga falta: la ética no prescribe valores, reflexiona sobre la idea de Bien. Estamos de enhorabuena, la Ética podría formar parte de un Pacto por la Educación porque resulta que es una asignatura que reflexiona en torno a la idea de Bien, que es una cosa que puede hacerse con independencia de quien gobierne. Existía ya antes incluso de que nacieran Pedro Sánchez y Pablo Casado (e incluso, antes de que viniera al mundo el que fuera el ministro peor valorado de la historia de la democracia: José Ignacio Wert)

La filosofía es una disciplina apasionante que busca responder a las grandes preguntas de la humanidad, a las que ha dado múltiples respuestas. A lo largo de su historia, la filosofía ha creado conceptos para pensar el mundo. Los alumnos tienen derecho a conocer esa pluralidad, a darse cuenta de que las respuestas son complejas. Eso, sin necesidad de entrar en los contenidos, ya es mucho.

A los alumnos, que se verán en la diatriba de tener que escogerla como optativa si su Comunidad Autónoma tiene a bien ofertarla, les animo a estudiar filosofía. No sirve para nada. Por eso es tan necesaria. 

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