La Rosalía y la (im)pureza

«Quién lo diría, que hasta en la esquina esta sazón sonaría».

He salido del Congreso de Copla y Flamenco alegre porque los discursos se mezclen en el entorno universitario. Antes de que se me ponga la piel de gallina al escuchar a «El Negri», me detengo en una mesa sobre mezclas en lo flamenco donde oigo una conferencia sobre reggaeton aflamencao y dos sobre Rosalía.

En seguida compruebo que Rosalía también enciende pasiones en el mundo académico. Lo cierto es que su figura siempre ha estado ligada a la polémica. Antes de ser mundialmente conocida, ya inspiraba algún que otro recelo entre los puristas del flamenco por sus reinterpretaciones.


Rosalía canta frente al “Guernica” de Picasso

Hoy no hay día que no saque una canción y que no se abra el mismo debate. El centro de la controversia gravita en torno a la «apropiación cultural», que es una manera culta para hablar de robo. Si tuviéramos que resumir con brocha gorda esta polémica podríamos enunciarla así: hay elementos típicos de algunas culturas que se llevan haciendo siglos, pero sí y solo si se presentan desde la cultura hegemónica tienen valor. Los gitanos llevan décadas cantando flamenco, pero si lo hace una paya como Rosalía se pone de moda. Lo mismo sucedería en la moda; llevar mucho oro se considera hortera, pero si lo hace Rosalía se convierte en tendencia, porque su piel es “blanca”, porque es europea. Si lo hace ella está bien, pero si alguien de piel más oscura lo luce en las mismas cantidades lo consideraríamos de mal gusto. Rosalía hace que el oro brille. 

Y entonces, desde la perspectiva de la apropiación cultural, ¿por qué triunfan artistas como Lola Flores? Sus defensores defienden que cuando triunfan suele ser porque se acepta su carácter de otredad, como si fuesen un fetiche. «Hay que ver qué arte tiene esa gitana, solo ellos saben hacerlo así»

Por si fuera poco, en los últimos tiempos Rosalía ha coqueteado con el reggaeton y ha ganado el Grammy el mejor álbum alternativo de música latina. Como sabe cualquier mediterráneo que haya viajado a Estados Unidos, allí somos considerados latinos. Así que tenemos abierta otra veda del debate sobre la identidad, tan vehemente como lo son todos los que se hacen desde las entrañas de la subjetividad; Rosalía ¿es latina o española?, ¿se pueden ser las dos cosas a la vez?, ¿pero es española y catalana o solo una de las dos cosas?, ¿es catalana y canta flamenco?, ¿gana un premio para latinos habiéndose apropiado de parte del cante flamenco?

La cuestión es que la identidad de Rosalía es difícil de identificar pero porque todas lo son. Las identidades puras solo existen en el imaginario de cada quien y como conceptos límpidos que flotarían cuan medusas en el mundo de las ideas. Las identidades tienen efecto en nosotros y en el mundo, pero son un terreno escurridizo y a menudo apasionado, por eso nos cuesta siempre tanto definir preguntas como «qué es ser vasco» o «por qué eres mujer». Vivimos con la certeza de saberlo, pero cuando tenemos que argumentarlo empiezan los problemas.

Rosalía se viralizó a raíz del videoclip «Malamente». Allí se plantó ella maqueada tras una cuidada producción, una catalana que canta aflamencao, que marca tendencia en moda con outfits inspirados en un cierto cliché de lo español (las mangas con volumen, el rojo, los flecos, el vuelo de la ropa), y que desperdiga en su universo visual (inseparable del musical) elementos que todos conocemos, pero con un toque distinto: el cofrade, los toros, la sevillana…

Es este videoclip podemos reconocer muchos elementos con los que los millenials de los barrios españoles convivieron durante su adolescencia: en los barrios (da igual que sean de Cataluña, País Vasco, Madrid o Sevilla) siempre se ha cantado flamenco. El oro, los pendientes de aro, las plataformas, la ropa deportiva, las uñas largas… Todo ello es lo que se conocía en los 2000 como «choni», que era una forma despectiva de aludir a la forma de vestir de la gente de barrio. 

El ambiente de fondo del videoclip es el de la España poligonera, el de la estética choni, donde hay camioneros y chicos matando el tiempo en las calles porque la industria y el ladrillo han dejado de ser rentables y el presente, como el futuro, está parado. En un barrio de las afueras de Barcelona empezó a formarse Rosalía como artista antes de irse al Conservatorio, que no deja de ser una escuela pública de música.

El resultado es original y al mismo tiempo familiar. Es cercano pero novedoso. Esta misma sensación la hemos experimentado con otros artistas. Si pensamos a vuelapluma en los artistas españoles internacionalmente conocidos nos suelen salir nombres en masculino: Manuel de Falla en la música, Lorca en la poesía, Almodóvar en el cine y el gran Antonio Gades en la danza. Todos tienen una cosa en común. Todos ellos han hecho con ciertos estereotipos de lo español algo que cualquier purista consideraría impuro: lo que les ha dado la gana. Lejos de avergonzarse de sus orígenes, los han estudiado, los han contrastado, los han mezclado y los han lucido con orgullo. Han acabado siendo patrimonio de todos porque sus creadores se han mirado el ombligo. Así es como le han gritado al mundo «aquí estoy yo» y ahora esto es de todos. Porque lo que pasa en mi barrio y en mi pueblo, también es de todos. Porque hay algo de universal en lo particular, y por eso habrá algo de su particular en lo universal.

No se trata tanto de defender que la figura de Rosalía esté a la altura de estos grandes, como de reconocer que utiliza un juego similar, pero en el terreno de la cultura pop. Esta es la principal novedad de Rosalía. No es la primera artista que traslada lo flamenco al pop, pero sí es la primera que consigue un apabullante éxito internacional con ello. Es por eso que puso a cantar a miles de gringros a las Grecas porque ¿de quién son las Grecas?

A nivel escénico, la artista no hace nada que podamos considerar novedoso. Utiliza todos los elementos de las grandes divas para presentarse en el escenario: ella ocupa el centro con una iluminación potente, el cuerpo de baile ensalza su presencia, y cada pequeño detalle está dispuesto para engrandecerla. Su toque personal es que lo hace con elementos nuevos; en los premios MTV fue con un tablao flamenco.


Rosalía en los premios MTV, 2019 convirtió el escenario en un gran tablao flamenco

El resultado no es solo eso una artista jugando con ciertos estereotipos de lo español pero llevándolos al terreno de la cultura pop, pero es también eso. La cultura pop es de las masas, es de todos, y la vemos hasta en la sopa. Su ámbito de influencia es mucho mayor que cualquiera de los libros que puedan escribir cien personas con doctorado, porque se cuela en el día a día como el aire en nuestros pulmones. Nos guste o no, Rosalía ya es un icono pop.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s