Al rico tiempo libre

La práctica y la moral que envuelven al ahorro son típicamente burguesas. La sociedad cortesana estaba obligada a derrochar. Como explica el sociólogo Elias Norbert había todo un arte del derroche entre sus filas; los cortesanos hacían ostentación pública de la riqueza no sólo para jactarse ante sus semejantes (los otros nobles y cortesanos), sino frente al pueblo (esa gran parte de la sociedad que muere de hambre y soporta graves miserias) y así, al reforzar su distancia con ellos, generaban su propia identidad. Los desfiles y las entradas reales, que se hacían al son de la música con danzas acompasadas, eran un despilfarro de extravagancias materiales, una extasiante pirotecnia de boato que dejaba embobado al pueblo.

La actual moral del ahorro –el «estreñimiento económico», por utilizar una expresión de Peter Burke– es una herencia de la burguesía. Pero de la misma manera que las clases altas consiguieron filtrar sus costumbres a toda la población (y entonces los modales en la mesa o las normas del «buen gusto» se filtraron por doquier) las clases altas también se contagiaron de ese cierto pudor al derroche público típico de la burguesía, al menos en las sociedades europeas. Ahora bien, mientras los burgueses lo hacían casi por ósmosis (así lo presentan los turrucatos en los libros de historia y los foucaultianos del nuevo milenio, que son los mismos) los ricachones lo hacen para acentuar todavía más la diferencia histórica de clase. Un rico elegante no hace ostentación de su riqueza, simplemente la tiene. La expresión «nuevo rico» califica despectivamente a quienes no saben guardar las emociones con el dinero, es decir, a aquellos que no han aprendido a contener el flujo de poder de cara a los demás. Gran parte de la demonización europea hacia millonarios como Donald Trump es estética: no podemos soportar el mal gusto de alguien que no controla su pasión por la ostentación pública, y el hecho de que esa persona, para más inri, ocupe un rango históricamente caracterizado por el control del afecto (como la política o la retórica) lo hace todavía más irritante.

El derroche es una cualidad específica de las clases altas o, para ser más generalistas, de la abundancia. Puede parecer una boba tautología pero el hecho de que sólo pueda darse bajo condiciones de acopio de dinero pero, sobre todo, de tiempo, permitió el nacimiento de la filosofía y también del ocio moderno. Alguien que tiene tiempo libre, (es decir, un espacio en el que no necesite trabajar para vivir) siempre es un poco «rico». Una vez que se adquiere el plus de la abundancia lo esencial no es tanto saber gestionarlo, como hacer de ese excedente lo fundamental.

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